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Reflexiones sobre el emprendimiento cooperativo, la gestión participativa y el trabajo en equipo

La Economía Social o "la otra forma de emprender"

24
JUN

2019

Las cooperativas y, por extensión, la economía social, aportan otra lógica empresarial al tejido productivo diferente a la de la empresa de capital tradicional. Los valores de partida son distintos y sus consecuencias también

Ssi vas a montar una cooperativa, que sea capricornio

Los franceses potenciaron el concepto de Economía Social y la calificaron como "la otra forma de emprender". Con ello querían decir que iniciar una empresa cooperativa (a mi juicio, extensible a toda la economía social) concreta los valores que se han definido para ese tipo de sociedades (en España están determinados en la ley de Economía social [1] ). Ello inicia una lógica determinada, distinta de la lógica que apoya la empresa de capital tradicional. Es importante subrayar la importancia de una u otra lógica, porque ésta determinará el método de funcionamiento del modelo empresarial elegido. Cuando un grupo de personas deciden iniciar la experiencia empresarial desde la economía social están tomando una decisión que difiere del emprendedor tradicional, que busca un hueco de mercado que le permita rentabilizar su inversión. Es decir: invierte para ganar dinero. Ese suele ser, salvo excepciones, el valor (la lógica) que motiva iniciar ese emprendimiento empresarial. Es cierto que eso supone un riesgo, pues puede ser que la rentabilidad deseada no ocurra, pero el riesgo es mermado porque es más fuerte la expectativa de ganancia. Esta lógica es correcta y apoya la creación de las empresas, llamemos tradicionales para distinguirlas de las de la economía social. A diferencia del anterior, el grupo de inversores de la economía social se apoya en otros valores (en otra lógica): es un grupo (siempre es colectivo), que busca aportar soluciones a un problema social (desempleo, exclusión social, desarrollo local...) o, simplemente, desea crear una empresa más integradora, distinta de lo que le ofrece el mundo empresarial habitual. El Comité Económico y Social Europeo (CESE) dice que estas empresas son colectivas porque entre varios pueden hacer lo que solos no podrían hacer. No es la posesión de capital inicial el motor sino la percepción de crear una actividad económica desde la colectividad. Los valores de partida son distintos y sus consecuencias también, pues la lógica que empuja cada una de estas formas empresariales es diferente.

 

La lógica de invertir para rentabilizar convierte todo en recursos para la producción (también a las personas, la “Dirección de Recursos Humanos”, inserta en el organigrama, connota este significado) y analiza detenidamente los sistemas (tecnologías, métodos…) con el fin de optimizar el sistema productivo de forma que ayude a maximizar el beneficio. Es una lógica productiva que motoriza el sistema y la organización. Recuérdese a Taylor, Ford, Herzberg… incluso la pirámide motivacional de Maslow se inicia para optimizar el trabajo desarrollado por las personas. La psico-sociologia industrial tiene ahí su origen y ha profundizado en los procesos organizativos (los estudios de Mintzberg profundizan en las diversas formas de organigrama para facilitar el mejor funcionamiento de la empresa) y los estudios universitarios se han centrado en este tipo de empresa analizando su lógica de funcionamiento. Todo ello se ha convertido en teoría (cultura) “dominante” del concepto de empresa y de su eficacia, de forma que no adaptarse a esas nociones presupone un riesgo de ineficiencia en el objeto inicial, como es la rentabilidad de la inversión. El sistema ha de ser eficiente para conseguir el objetivo por el que se crea la empresa.

 

La lógica de iniciar una empresa integrada en la economía social nace desde la percepción de que es preciso aportar soluciones empresariales a problemas sociales (que no son atendidos por la iniciativa privada o son generados por la acción de ésta) o desde la percepción colectiva de que se puede crear algo que es de todos frente a la concepción individualista (competitiva) de la empresa tradicional. Evidentemente, estas empresas necesitarán perfeccionar sus procesos productivos para fomentar la sostenibilidad empresarial, pero siempre defendiendo los elementos motivacionales por los que se crea: el objeto social que define a la empresa. No permitirá que la rentabilidad, necesaria, domine el empeño empresarial que empujó a sus promotores. Por ello, la propia ley de economía social dice que su primer “principio orientador” es: “la primacía de las personas y del fin social sobre el capital, que se concreta en gestión autónoma y transparente, democrática y participativa, que lleva a priorizar la toma de decisiones más en función de las personas y sus aportaciones de trabajo y servicios prestados a la entidad o en función del fin social, que en relación a sus aportaciones al capital social”. Por ello es “otra forma de emprender”. Quizá este cuadro pueda resumir los elementos de ambas lógicas empresariales.

 

Economía Social Economía de Capital
Nace de un problema social o de la necesidad de crear un proyecto colectivo
Nace de una oportunidad de mercado para rentabilizar una inversión
La economía es un instrumento para la solución
La economía es para rentabilizar la inversión
El beneficio es para potenciar el objeto social
El beneficio es para retribuir al inversor
(al propietario del capital)

La propiedad es colectiva
La propiedad es del accionista (del capital)
Recoge la creatividad colectiva
Recoge la fuerza del trabajo

 

Bien, centrándonos en la lógica de la empresa de la economía social, este modelo empresarial se basa en una propiedad colectiva donde todos tienen el mismo poder de decisiones en las asambleas (en las cooperativas se describe desde el concepto de “una persona un voto”), con independencia de la calidad profesional que se ejerza dentro de la empresa. Si el capital es de todos, y de forma horizontal (en las cooperativas nadie puede poseer más participación en capital que los demás) las decisiones son de todos y cada uno aporta con la misma fuerza que cualquier otro socio. Esta horizontalidad es un motor organizativo que conforma un modelo de decisiones compartidas y, por tanto, de información homogénea y transparente, donde cada uno puede acceder a la información precisa para la toma de decisiones, en la que necesariamente se ha de participar desde la asamblea de la cooperativa. Lo que no se contradice con que el esquema de funcionamiento operativo deba responder a estructuras que organicen el trabajo y obtengan los resultados que la asamblea encomendó y permitan la sostenibilidad empresarial.

 

Pero esta estructura operativa debe cuidar formas coherentes con los valores de partida, como la transparencia en las decisiones, la información necesaria para que el socio refuerce su sentido de pertenencia y pueda tomar decisiones correctas en la asamblea (no es trabajador por cuenta ajena, es socio-propietario y trabajador), y requiere un estilo de mando “democrático” (según la clasificación de la psicología industrial) que favorezca y potencie la participación para la mejora de los procesos; incluso, de las decisiones operativas.

 

Todo ello es casi natural en las cooperativas pequeñas, donde el contacto con todos los socios es, o puede ser, cotidiano y la recogida de opiniones, o su contraste, se puede realizar cada día porque cada día existe ese contacto personal. El problema de la realización de los valores que apoyan esta “otra forma de emprender” surge cuando este contacto no es tan cercano porque la empresa se ha hecho grande, los socios son muchos (o se distribuyen por turnos no coincidentes temporalmente) y su ubicación está extendida por otros territorios distintos donde radica la sede de la empresa.

 

Aquí pueden surgir contradicciones importantes pues la competencia, contra la que es preciso luchar para defender la sostenibilidad de la empresa, genera la tentación de copiar estructuras de funcionamiento y estilos de mando similares, que permitan la agilidad de la toma de decisiones en tiempos competitivos. Lo que puede dañar el principio de trasparencia y compartir información, pues ello puede crear lentitud que la competencia no tiene. La agilidad puede ser una excusa para convertir una empresa cooperativa grande en una simple empresa grande. Y en ello, los valores iniciales se desdibujan en la práctica, aunque sigan siendo vivos en los discursos. Lo que aporta incoherencia que desemboca en descrédito. Recuerdo que estando de directivo en una cooperativa grande (por no citar nombres) al contratar a un ingeniero le expliqué toda la filosofía de la empresa cooperativa y, después de una larga conversación, él me dijo “a mí solo me interesa saber quién me puede subir el sueldo y quién me puede despedir”. Alguna incoherencia estaba percibiendo entre mi explicación y lo que él observaba en en la acción de esa empresa.

 

Puede haber una explicación para esta incoherencia entre la práctica y los valores que se “predican” (lo que siempre es fuente de no credibilidad) y es que toda la cultura empresarial esté desarrollada sobre la empresa tradicional, por ello se copian los organigramas (salvo honrosas excepciones) y los estilos de autoridad. Es decir, se rompe la lógica de esa “otra forma de emprender” para contaminarse por la de la empresa tradicional.

 

La empresa de economía social debe investigar sobre sus formas empresariales (organigramas), estilos de autoridad, sistemas de comunicación, mecanismos de transparencia y de información (o formación) interna… que le permitan desarrollar los valores que defiende para dar coherencia (trasladar verdad) a su acción y generar credibilidad ante la sociedad o, si se quiere, ante su mercado (clientes) que le reforzarán su sostenibilidad. Es cierto que puede concluirse que, quizá, sea una estructura que genere cierta lentitud competitiva (por trabajar en la transparencia y participación societaria), pero también lo es que si se consigue esa credibilidad apoyará la creatividad colectiva para empujar todos en la misma dirección y hará una empresa más potente. Lo que reforzará elementos de pertenencia que la empresa tradicional no tiene y los desea, de ahí toda su investigación en disminuir conflictividad interna. La empresa de economía social puede tener, si lo sabe hacer, esa fuerza interna por reforzar el sentido de pertenencia que la empresa tradicional nunca podrá conseguir. Es preciso inventar cómo se realiza esa nueva cultura empresarial, para no desdibujar los valores que se dice tener, y dejar de copiar estructuras propias de la competencia con la excusa de homologar comportamientos. Romper la lógica de esa “otra forma de emprender” implica descrédito, supone dejar de ser de “otra forma” para ser como las otras grandes empresas. La economía social debe descubrir las formas organizativas que convienen a su filosofía emprendedora, a sus valores, para no perder credibilidad interna y ante la sociedad.

 

 

 

 

 

 

[1]  Artículo 4. Principios orientadores. Las entidades de la economía social actúan en base a los siguientes principios orientadores: a) Primacía de las personas y del fin social sobre el capital, que se concreta en gestión autónoma y transparente, democrática y participativa, que lleva a priorizar la toma de decisiones más en función de las personas y sus aportaciones de trabajo y servicios prestados a la entidad o en función del fin social, que en relación a sus aportaciones al capital social. b) Aplicación de los resultados obtenidos de la actividad económica principalmente en función del trabajo aportado y servicio o actividad realizada por las socias y socios o por sus miembros y, en su caso, al fin social objeto de la entidad. c) Promoción de la solidaridad interna y con la sociedad que favorezca el compromiso con el desarrollo local, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la cohesión social, la inserción de personas en riesgo de exclusión social, la generación de empleo estable y de calidad, la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y la sostenibilidad. d) Independencia respecto a los poderes públicos.
https://www.boe.es/boe/dias/2011/03/30/pdfs/BOE-A-2011-5708.pdf

 

 

Autoría:  Marcos de Castro
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Acerca del autor de esta entrada

Experto en el mundo cooperativo, ha sido presidente de la Confederación Empresarial Española de la Economía Social (CEPES) en representación de Mondragón Corporación Cooperativa (MCC) y consejero del Consejo Económico y Social (CES) de ámbito estatal. Colabora con asociaciones solidarias del tercer sector. Curriculum vitae

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