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Reflexiones sobre el emprendimiento cooperativo, la gestión participativa y el trabajo en equipo

5
MAR

2018

ELE ALEPH COOP. V, una academia de español para extranjeros en el corazón de Valencia

Cuando se planteaban crear la cooperativa, la gran sorpresa fue que en el 100% de las veces la única alternativa que les ofrecían era formar una SL: “Nos llegaron a decir que cualquier otra forma jurídica sería abocarnos al fracaso”

Las 4 fuerzas fundamentales para que las cooperativas tengan éxito

La publicidad de sus cursos se puede encontrar en 17 idiomas. Tal es la variedad de su alumnado. ELE ALEPH es, sobre todo, una academia de español para extranjeros, pero no es una academia al uso. A esta ‘torre de Babel’, situada en los límites del barrio de Ciutat Vella de Valencia, acudieron 250 alumnos durante el último año.


ELE ALEPH es una escuela internacional, por lo que sus estudiantes provienen de casi cualquier rincón del planeta. Alrededor del 65% son europeos, el 20% de Asia y el resto de otros rincones del planeta, aunque dependiendo de la temporada esta distribución puede ir cambiando. “El año pasado, por ejemplo, tuvimos un buen número de alumnos de Asia, Oriente Medio y Australia, mientras que este año parece que, de momento, se animan a venir más desde África, Estados Unidos y Canadá. Además de los europeos, claro, que siguen siendo más o menos la mitad del total. Estamos al principio del año aún, quién sabe cuál será la tendencia en los próximos meses, pero en general tenemos un ambiente muy intercultural”, celebra el presidente de ELE ALEPH, Ismael Gil.


Uno de los logros de este centro de idiomas es que ha logrado generar un ambiente muy familiar. El promedio de alumnos por semana oscila entre los 30 y los 60; algo más en temporada alta - entre marzo y septiembre-. Esto hace posible organizar los cursos en grupos reducidos de hasta 10 estudiantes y ofrecer un enfoque pedagógico eminentemente comunicativo con el que ayudar a los alumnos a afrontar cualquier situación cotidiana en poco tiempo.


El perfil de las personas que se matriculan en alguno de los cursos de ELE ALEPH se podría dividir en tres grupos: gente joven y de mediana edad que, por motivos de estudios o de trabajo, necesitan aprender o perfeccionar nuestro idioma; personas que se establecen en Valencia y necesitan el idioma para su día a día, generalmente gente jubilada o acompañantes de quienes se mudan por trabajo; y, en menor medida, gente que aprovecha sus vacaciones para hacer algo diferente, y que reparten su tiempo entre las clases y el turismo.

Oferta de cursos


Los alumnos de ELE ALEPH pueden contratar cursos desde una única semana o apuntarse para todo un año o más. Además de aquéllos que optan por la modalidad de formación on line para disfrutar de la máxima flexibilidad.


Aunque en la actualidad los cursos de español copan el 100% de su oferta, no descartan ampliarla en un futuro a otras lenguas, según reconoce el presidente de la cooperativa. “Todos somos profesores de español como lengua extranjera, pero además, algunos también lo somos de inglés, francés, italiano y ruso, por lo que en algunos momentos hemos ofertado otros idiomas o tenemos la intención de hacerlo en el futuro. De hecho, el nombre de la cooperativa surge de esa idea: Estudio de Lenguas Extranjeras (ELE) Aleph. De momento, estamos asociados con una academia de inglés, Bluebell English Academy, con la que compartimos además parte de nuestras instalaciones y con la que es posible que en algún momento acabemos fusionándonos”.


En ELE ALEPH se pueden encontrar cuatro tipo de cursos: intensivo, semintensivo, conversación e individual, con la ventaja de poder realizar combinaciones o ‘cócteles’ según las necesidades de cada cual. La modalidad más demandada es la intensiva, de 20 horas semanales en grupos de un máximo de diez personas. Este tipo de curso puede tener un carácter general o estar enfocado a la preparación de algún examen oficial. En cualquiera de los dos casos, las clases incorporan todas las destrezas del idioma (comprensión auditiva y lectora y expresión escrita y oral) según el estándar del MCER (Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas) y el plan curricular del Instituto Cervantes. Pero son muchos los que añaden el curso de conversación, de una hora extra al día, centrada exclusivamente en la comunicación oral, o alguna hora individual como complemento.


Y, convencidos de que el aprendizaje es un proceso complejo que requiere mucho más que sólo un maestro y un montón de tareas, ELE ALEPH ofrece una serie de actividades complementarias cuyo objetivo es que los estudiantes puedan poner en práctica los conocimientos lingüísticos que van adquiriendo en las clases y ampliarlos a través de otros aspectos intrínsecamente unidos al idioma. La variedad es bastante amplia, desde talleres gramaticales o culturales hasta clases de cocina. “Se busca, como es lógico, que los alumnos hagan piña, que se conozcan, ya que, al fin y al cabo, la inmensa mayoría llegan aquí totalmente solos y, tras cuatro o cinco horas de clase, les viene bien poder desconectar y hacer migas con sus compañeros y demás personas de otros grupos. Muchas veces tan solo nos limitamos a hacer promoción de actividades y eventos culturales que tienen lugar en la ciudad, a modo de ideas, para que estén al corriente de lo que se está desarrollando y sepan en que invertir su tiempo libre”, explica Gil.


Ahora bien, como advierten desde ELE ALEPH, la prioridad es siempre el aprendizaje del idioma. “Desde el principio tuvimos bien claro que queríamos huir de esa idea que algunos llaman turismo lingüístico, es decir, donde el aprendizaje del idioma queda relegado a un segundo plano, eclipsado por el resto de parafernalia que envuelve a este tipo de cursos. Por supuesto que intentamos hacer nuestras clases lo más amenas e interesantes posibles, incluso ofrecemos otro tipo de actividades extracurriculares cuyo objetivo no es solo pedagógico, pero una cosa es crear un ambiente divertido y relajado con el fin de facilitar a nuestros estudiantes una buena inmersión lingüística y otra bien distinta es montar una agencia de eventos de ocio bajo la etiqueta de escuela de español”, puntualiza Ismael Gil.

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Servicio de alojamiento


Aunque hoy en día existen infinidad de herramientas, desde aplicaciones a buscadores, que permiten a cualquiera encontrar el tipo de alojamiento más conveniente según la ocasión, algunos de los estudiantes de ELE ALEPH prefieren no preocuparse de ello y que sea la escuela la que organice todo, algo así como los paquetes que ofrecen las agencia de viajes con todos los servicios incluidos.


Los estudiantes más jóvenes suelen optar mayoritariamente por pisos compartidos, mientras que las personas de mayor edad suelen buscar más intimidad y optan con mayor frecuencia por hoteles o apartamentos. También hay quienes prefieren vivir con familias de acogida, especialmente porque eso les da una oportunidad inmejorable para poner en práctica sus destrezas comunicativas y maximizar su aprendizaje.


Pero, además, ELE ALEPH ofrece a sus alumnos otros servicios como el de recogida en el aeropuerto, la gestión de reservas para un espectáculo o atracción turística o la solicitud del visado de estudios en la embajada o consulado de su país o del NIE (número de identificación de extranjeros) en las oficinas de extranjería de la ciudad. “Los ayudamos y guiamos durante todo el proceso, y, nuevamente, de forma gratuita. En ese sentido no nos diferenciamos de lo que ya hace cualquier institución educativa que sabe que sus alumnos pueden necesitar de su ayuda para cosas que, más allá de lo puramente académico, están necesariamente ligadas a sus cursos. Prácticamente todas las universidades tienen este tipo de servicios para estudiantes que vienen de fuera como, por ejemplo, los beneficiarios de becas tipo Erasmus, SICUE y demás”, explica el presidente de la cooperativa.

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“Nosotros ejercemos como meros intermediarios entre los alumnos y los alojamientos. Buscamos, aconsejamos, mediamos y reservamos en su nombre, pero poco más. La gran diferencia entre nuestra escuela y el resto que operan en el mismo sector en Valencia es que no cobramos comisión ni a nuestros estudiantes ni a los propietarios por este servicio, lo entendemos como una forma de colaboración mutua entre empresas y profesionales, no sacamos beneficio económico alguno por ello. Entendemos que hay estudiantes que buscan este tipo de servicio y que la competencia los ofrece, así que tampoco podíamos obviarlo, aunque sí marcar una importante diferencia”

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Emprender de un día para otro


Su historia comenzó de forma un tanto inesperada y abrupta cuando un buen día, a principios de 2015, la escuela en la que trabajaban tres de los socios cerró. “De la noche a la mañana, nuestro querido jefe se largó del país y nos vimos sin trabajo y con una deuda de cinco meses de salarios no recibidos. El resto ya lo podéis imaginar: huelgas, desahucios, juicios, paro, Fogasa... El lote completo. Pero, como se suele decir, donde unos ven una piedra en el camino, otros ven una oportunidad, así que nos pusimos casi de inmediato a dar forma nuestro propio proyecto. Por suerte, ninguno de los tres nos encontrábamos en una situación desfavorable al no tener, por ejemplo, cargas familiares o similares que nos hubiesen obligado en aquel momento a buscar inmediatamente un nuevo trabajo, así que pudimos dedicar todos nuestros esfuerzos, tiempo y recursos económicos a sacar adelante el proyecto” recuerda Ismael Gil.


Muy pronto se dieron cuenta de que en todo emprendimiento hay que aunar dos aspectos indispensables para lograr el éxito: Un conocimiento adecuado de la actividad que se pretende desarrollar y el dominio suficiente de los aspectos de la gestión empresarial. En cuanto a la actividad a desarrollar, tal y como explica Ismael, “la idea estaba clara y la experiencia la teníamos, al menos en lo que respecta al aspecto académico y de coordinación de centros educativos puesto que, además de profesores, ya habíamos tenido cargos de responsabilidad anteriormente”.


Otros aspectos relacionados con el hecho de emprender eran, sin embargo, totalmente nuevos para ellos como reconocen al echar la vista atrás. “Así que nos volcamos más en esos puntos haciendo cursos y buscando asesoramiento. Invertimos todo el tiempo previo a empezar la actividad precisamente en eso, en formarnos y en ir resolviendo dudas. En total, pasó algo menos de un año desde que empezamos nuestra andadura hasta la constitución de la cooperativa en marzo de 2016”.


Y, por supuesto, también se toparon con el obstáculo de la burocracia que supone emprender. “Sinceramente, aunque suene exagerado, da la sensación de que nada está preparado para gente como nosotros que, con recursos limitados, quiere emprender. Se nos abrió de repente un mundo de posibilidades, pero un mundo incomprensible en su mayor parte, y descifrarlo no resultaba fácil. Toda la burocracia que desconocíamos, desde el registro de la marca hasta la búsqueda de un local y la posterior concesión de licencias nos resultó dura, para qué negarlo. Sin duda, la paciencia fue clave aquí, al igual que aprender a reconocer cuáles eran nuestros puntos débiles, intentar resolverlos y, en última instancia, buscar apoyo”. Poco a poco, con esfuerzo y tesón, fueron superando fases hasta alcanzar la meta deseada, tal y como recuerda con actitud positiva, Ismael Gil, “No fueron pocas las veces que creíamos haber dado un paso de gigante, haber dejado atrás algún problema, pero entonces nos encontrábamos un nuevo inconveniente, con medidas absurdas e incongruentes que, una vez sorteadas, nos daban solo un respiro antes del siguiente golpe. Pero bueno, de todo se aprende, poco a poco y sin tirar la toalla tira uno hacia adelante, no queda otra”.


La elección de forma jurídica


Y, como en todo emprendimiento, llegado el momento de escoger la fórmula jurídica que se le da a la idea de negocio, lo óptimo es contar con buena información y un asesoramiento adecuado, ya que se trata de una cuestión que, aunque para algunos se trate de una mera cuestión formal, tiene implicaciones tanto en la forma como en el fondo. En este punto, los socios de ELE ALEPH lo tenían bastante claro, aunque decidieron no ir con ideas preconcebidas. “La idea de formar una cooperativa ya llevaba un tiempo rondándonos la cabeza, antes incluso de vernos en la necesidad de emprender por lo que ya hemos comentado. Fuimos a informarnos a infinidad de servicios de orientación empresarial para emprendedores y hablamos largo y tendido con abogados y otros profesionales expertos en el tema. Al principio, aunque creíamos tenerlo bastante claro, estábamos abiertos a todas las posibilidades que pudiesen ir surgiendo. La gran sorpresa fue que siempre (sin exagerar, el 100% de las veces) se nos presentaba una única alternativa: formar una S. L. Nos llegaron a decir que cualquier otra forma jurídica sería abocarnos al fracaso. Aun así, decidimos continuar adelante con nuestro proyecto inicial” admite el presidente de ELE ALEPH.


Para ELE ALEPH, una de las razones de más peso para decantarse por la fórmula cooperativa de trabajo fue que esta forma de empresa se basa en la organización democrática y en la participación efectiva de todas las personas que integran el proyecto, ya que los trabajadores son a su vez propietarios y esto refuerza la motivación e implicación de todo el colectivo en la buena marcha de la iniciativa. “Llevábamos ya muchos años en el sector, conocíamos bien el funcionamiento de este tipo de escuelas y veíamos como se repetían con bastante frecuencia los mismos patrones tóxicos en unas y otras. Claro que también hay escuelas maravillosas, pero, por desgracia, no todas lo son. Nosotros queríamos apostar por una enseñanza de calidad, como ya hemos comentado, lejos de escuelas masificadas que funcionan más como sitios de ocio y entretenimiento que como centros educativos. Claro está que, a mayor número de estudiantes, mayor beneficio, pero no debe ser este el único ni el principal objetivo. Por desgracia, allá donde haya unos inversores simplemente soltando dinero y un profesorado dando clase, como dos extremos inconexos de un mismo sistema, es más que probable que no haya un buen conocimiento del funcionamiento académico por parte de aquellos, ni una comunicación fluida entre ambas partes para poder entenderse mutuamente que acaba por hacer que los profesores no se sientan escuchados ni mucho menos valorados”.


Según apunta Ismael Gil, “llegamos a la conclusión de que, si no queríamos acabar cometiendo los mismos errores que siempre habíamos observado, esa comunicación era la clave. Llegar a comprender esa doble función que cumple el socio cooperativista, empresario por una parte y trabajador por otra, puede no ser fácil al inicio, pero es la mejor garantía para evitar este tipo de problemas que veníamos observando. Para que se diesen las condiciones óptimas, debíamos estar todos a un mismo nivel. La necesidad de una estructura interna con sus respectivos cargos y funciones es evidentemente necesaria, no se trata de que todos seamos iguales en todo sino de que, a la hora de tomar decisiones, todos tengamos voz y voto. Es evidente que cuando algo es tuyo, cuando no solo vienes, inviertes tu trabajo y te vas poniendo antes la mano para que te den tu parte correspondiente de beneficio, el nivel de involucramiento es mucho mayor. Algunos ya habíamos formado parte de proyectos similares en el extranjero y la experiencia nos daba la razón, así que preferimos hacer caso omiso a quienes intentaron desalentarnos. Es de suponer que a muchas de estas personas, al oír la palabra cooperativa, se les viene a la cabeza algo así como una comuna hippy sin orden ni estructura ni reglas, quién sabe, si no, no se explica ese rechazo que tan abiertamente manifiestan” reconoce Gil.


La financiación


No hay duda de que la financiación es un aspecto clave para el éxito de cualquier iniciativa empresarial. Sin un apoyo económico suficiente, muchas serían las buenas ideas que, desafortunadamente, se quedarían en el tintero. Como es lógico, todo lleva su tiempo y los primeros pasos rara vez suelen ser fáciles. Cada caso es diferente y no deben compararse, depende del sector de actividad de la iniciativa, de la envergadura del proyecto y de otros muchos factores. Donde unos echan a andar en solo unos meses, otros necesitan años, y lo que al principio parece tener un futuro incierto, puede acabar siendo un éxito rotundo.


La financiación puede venir de entidades bancarias, de recursos propios o bien de ayudas públicas. En este último caso, para esta joven cooperativa “es comprensible que se acuda a las instituciones en busca de financiación para poder arrancar, especialmente si se tiene en cuenta que quizá no todos cuentan con los recursos económicos necesarios desde el principio”.


Las cooperativas valencianas cuentan con una orden de ayudas anual de la Conselleria de Economía Sostenible, Sectores Productivos, Comercio y Trabajo (la convocatoria de 2018 se encuentra abierta en el momento de la publicación de este artículo, con el objeto de fomentar la creación de este tipo de empresas, así como de contribuir a su consolidación. En concreto, ELE ALEPH percibió una de estas ayudas por la incorporación de una de sus socias y otra para financias los gastos derivados de constitución de la cooperativa. En opinión de Ismael Gil, “este tipo de ayudas deben verse como una inversión no solo en beneficio de quien las recibe, pues con suerte consolidan proyectos que van a acabar contribuyendo al bien de muchas más personas, por ejemplo, generando puestos de trabajo. Si todo va bien, y no deberíamos dudar de ello, se acaba devolviendo más de lo que se recibe con estas ayudas. El error más grave sería el de querer depender totalmente de ellas, poner todo en sus manos para poder siquiera empezar, puesto que sería algo ciertamente temerario”.


En el caso de ELE ALEPH, contar con ayudas públicas ha supuesto un desahogo para realizar mejorar, pero no algo de lo que haya dependido el éxito de la iniciativa, como reconoce su presidente. “Nosotros hemos tenido la grandísima suerte de ser rentables prácticamente desde el principio. No depender de este u otro tipo de ayudas es un respiro. A nosotros nos ha supuesto sobre todo poder invertir en calidad, en mejorar, aunque sea poco, el entorno de trabajo mediante la aplicación de mejoras que, sin ese dinero extra, ni nos hubiésemos planteado”.


Planes de futuro


A corto plazo ELE ALEPH se plantea cambiar de sede y, para ello, está buscando unas nuevas instalaciones que resulten adecuadas. “Justo ahora que cumplimos nuestro segundo año, vence también el periodo mínimo de tiempo exigido por el Instituto Cervantes antes de presentar la candidatura de la escuela para ser reconocida como uno de sus centros acreditados. Hacer frente al evidente coste del proceso de acreditación, por ejemplo, no lo vemos con el mismo miedo que nos producía al principio”, reconoce Ismael Gil.


En la actualidad el cuadro de profesores está formado por ocho personas y esperan que en verano se incorpore un nuevo socio a la cooperativa. “Justo en marzo del año pasado contratamos por primera vez a una persona y, desde entonces, hemos ido creciendo a buen ritmo, quizá más rápido de lo que en ocasiones nos gustaría. Ya veremos qué nos depara el futuro, crucemos los dedos, pero esperamos que el camino sea aún muy largo y, para ello, no nos bastará con las manos que tenemos ahora, eso seguro”.

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Autoría:  Ana Real
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