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Reflexiones sobre el emprendimiento cooperativo, la gestión participativa y el trabajo en equipo

ROYAL SOCIETY OF DILETTANTI, COOP.V.
ofrece prêt-à-couture para personas que buscan vestir con personalidad propia

29
FEB

2016

La cooperativa les ha permitido hacer un proyecto juntos. “Algo nuestro y algo diferente porque siempre habíamos trabajado para otros. Éramos los negros de la moda tanto para grandes diseñadores como para marcas”

ROYAL SOCIETY OF DILETTANTI, COOP.V. es una joven cooperativa constituida en abril de 2015, que se dedica al diseño, confección y comercialización de moda. Diseña prendas de ropa para hombre y mujer, eso sí, con personalidad propia. Sus socios, dos mujeres y un hombre, lo tienen claro en cuanto a huir del concepto de ropa “lowcost” para un consumo masivo tan implantado en la actualidad. A un mes de cumplir su primer año de existencia y a punto de presentar su segunda colección, ya ha hecho su primera venta en Nueva York, considerada como una de las grandes capitales mundiales de la moda. Un hecho que anima a sus socios a seguir con más ahínco si cabe.

Como ellos mismos describen, el mercado de la moda se mueve actualmente entre la globalización que propugnan algunas marcas y que fomenta una cierta uniformidad en el vestir, y nuevas corrientes de gente de la moda que apuestan por volver a lo hecho de manera más artesanal, más cuidada, más ecológica y sostenible.

Cuando empezaron en el mundo de la moda, había otros modos de trabajar diferentes a los de ahora. La figura del diseñador se encargaba de cuidar todo el proceso. La llegada de la globalización ha cambiado esto de manera radical y ahora todo está más acotado y fragmentado. Ellos, en cambio, abogan por una vuelta a los inicios.

Durante la entrevista, y mientras hablan de telas, de patrones, de formas y colores se nota que sienten pasión por el mundo de la moda, tanta que, aunque han ido y venido, intentando escapar de algunos de sus peajes, han vuelto a caer en la tentación, pero esta vez creando para ellos y de principio a fin.
La historia –como en tantas otras cosas- se remonta a los 80, cuando los dos diseñadores del equipo, Gloria Hernádez y O. Suay, se conocen trabajando ambos para el estudio del diseñador valenciano Francis Montesinos, situado en pleno centro de la ciudad. “Gloria llevaba la colección de Montesinos y yo en aquel momento estaba estudiando y entré a hacer prácticas como asistente”, recuerda Suay. “Y ya continuamos como amigos”, le interpela Gloria”.
A partir de ahí, la carrera profesional de cada uno les llevó a ciudades diferentes para trabajar para diversas firmas de moda. “Pero manteníamos la idea de hacer algún día algún proyecto juntos, algo nuestro y algo diferente. Siempre habíamos trabajado para otros. Éramos los negros de la moda tanto para grandes diseñadores como para marcas”, explica Suay.

Hace un par de años y tras un período de crisis para él y un parón laboral de Gloria, motivado, tal y como ella misma reconoce, “porque acabé un poco harta y no pensé que volvería a dedicarme a la moda nunca más”, se reencontraron y, apenas sin pensarlo, se embarcaron en ese proyecto que tanto tiempo habían estado postergando.
“Después de tanto tiempo no queríamos dejarnos llevar por las prisas, lo importante es que la marca se consolide en el mercado, de manera que el equipo de trabajo podamos vivir de esto y hacer lo que nos gusta”, comenta Suay, quien reconoce que buscan un equilibrio “muchas veces trabajas para una marca y de repente empieza a crecer y llega un momento en que debes decidir entre lo comercial y la filosofía”.

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EL GRUPO

 

Gloria, es una de las diseñadoras del grupo. Ha trabajado para gente del mundillo de la moda importante. “Llevo trabajando en moda desde el 83. Empecé con Francis Montesinos y con él estuve mucho tiempo. Después salí y me monté mi propia empresa con otro socio y trabajábamos haciendo vestuarios para la compañía del Centro Dramático Nacional y para la televisión como freelance y costura a medida para quien nos lo pedía, y así estuvimos diez años. Cuando mi socio decidió dejarlo, me puse a trabajar con diseñadores como Valentín Herráiz, primero, y con Presen Rodríguez, después,a quienes les hacía la línea de alta costura, y ya después me llamaron para una firma infantil, y luego como freelance he trabajado muchos años haciendo colecciones de baño para Dolores Cortés, y con mucha otra gente”.
La llegada de la crisis y con ella el cierre de muchas firmas de moda, así como la insatisfacción de trabajar de un modo que a Gloria no le satisfacía marcó para ella un punto de inflexión. “Ya no podía trabajar más así, comenzaba a haber mucha precariedad, mucha presión y decidí tomarme un descanso”.
Por su parte, O.Suay, tras dejar el estudio de Montesinos, pasó a trabajar para Valentín Herráiz y después a Saenz Merino. “Ahí lo dejé cuando me hicieron fijo porque no quería ser un funcionario de la moda”, confiesa. Cogió las maletas para irse a Barcelona y tras siete años allí trabajando en confección de caballero para Vía Corso, se replanteó su futuro profesional. “Decidí estudiar asesoría de imagen en escuelas de moda de Madrid”, cuenta.
En la actualidad compagina su trabajo creativo en Royal Society of Diletanti con un trabajo a tiempo parcial y otros trabajos esporádicos que le van surgiendo como estilista para revistas o para publicidad.
Concha, la tercera de los socios, lleva los temas burocráticos y administrativos del día a día de la cooperativa. Es la que ayuda a la parte creativa a poner los pies en la tierra. Después de trabajar 20 años por cuenta ajena en un supermercado y de montar un negocio franquiciado que no acabó de despegar, decidió formarse para tratar de trabajar en algo que le satisficiera. “Cuando conocí a Gloria y me comentó su proyecto me gustó tanto que les pedí que me incorporaran”.
Gloria y O.Suay se dedican a la parte creativa, además de controlar todo el proceso de principio a fin. “Esto es diferente a como se trabaja ahora en las empresas grandes, donde el proceso está muy fragmentado y la persona que se ocupa del diseño luego no ve las pruebas o cómo va el proceso de producción. Nosotros ahora lo estamos haciendo a la antigua porque queremos cuidar todo el proceso de la prenda desde elegir el tejido hasta el final”, puntualiza Gloria.
Reconocen que tienen un gusto muy afín y que les gusta trabajar en equipo.

En el momento de realizar la entrevista estabancomenzando a trabajar en su segunda temporada que se presenta este mes de marzo y, como siempre para ellos, el proceso creativo comienza por los tejidos y la paleta de colores. Tienen una reunión semanal, todos los martes, y ahí lo ponen todo en común. “Es muy fácil trabajar así, tenemos estilos diferentes pero complementarios. Él se encarga de la parte masculina de la colección y yo de la femenina, pero compartimos la filosofía”, explica Gloria.
A partir de los tejidos van ideando las prendas más adecuadas, las van complementando con otras piezas que combinan entre sí para realizar familias y, poco a poco, van construyendo la colección.

LA COOPERATIVA

 

“Al principio no sabíamos por dónde empezar. Nos hablaron de un curso que impartía la Fundación ONCE y allí fue donde conocimos a Concha”, comenta Gloria.
“Durante el curso nos ayudaron con el plan de empresa y la viabilidad financiera y desde ese momento lo tuvimos claro”, confirma Concha. Al respecto de la fórmula jurídica de su negocio, tal y como asegura Concha, “no teníamos ninguna idea preconcebida. El curso se celebró en la sede de FEVECTA y por ello recibieron un módulo dedicado a la creación y funcionamiento de una cooperativa de trabajo, sus requisitos, ayudas públicas disponibles, así como las ventajas de un modelo organizativo basado en la participación democrática de las personas socias de la cooperativa.“Vimos que nos convenía y los tres estuvimos de acuerdo”, recuerda Gloria.
Llama la atención elpropio nombre de la cooperativa. ParaGloria, estudiante de Historia del Arte, “es una declaración de intenciones. Queríamos hacer una marca de ropa más cuidada, más especial, ya que no podemos llegar a todo el mundo ni queríamos dirigirnos a satisfacer un consumo masivo”.
“Existe en Inglaterra una sociedad llamada Sociedad de los Diletantes, fundada en el S.XIX, cuyo objetivo era educar al pueblo en el buen gusto y todavía en la actualidad continua activa. Nos llamó tanto la atención que decidimos ponerle a la cooperativa este mismo nombre” explica entre risas Gloria.
Su web www.snobiliaire.com también refuerza este concepto, “Nos hemos fijado en la figura del snob, alguien que cuida mucho su estética, una persona que hace de su aspecto una filosofía de vida”.

LAS AYUDAS

 

Royal Society of Dilettanti se ha beneficiado de algunas de las ayudas específicas de la Generalitat Valenciana para empresas cooperativas. Hace muy poco les han resuelto favorablemente las ayudas correspondientes a 2015 por incorporación de los tres socios. “Ha supuesto un espaldarazo y una alegría saber que tenemos un apoyo y la confianza de que no nos vamos a quedar en la primera colección”, explica O. Suay.

LAS DIFICULTADES

 

Todo proceso de emprendimiento plantea retos y conlleva dificultades. Pero, a pesar de que reconocen que el proyecto ha sufrido algunos retrasos, “no nos ha sido difícil”, reconoce Gloria.
Uno de los aspectos que supuso un retraso o una dificultad añadida fue la confección de las prendas. Ellos necesitaban un taller de patronaje y muestrario y un taller para la producción de sus diseños, que admitiera tiradas pequeñas. “La confección ahora está muy difícil en España porque las marcas trasladaron la fase de producción a países como Marruecos, China… y muchos talleres aquí tuvieron que cerrar. Encontrar talleres pequeños de confección y personas que cosan es complicado. Las modistas en nuestro país son una especie en extinción porque ahora todo el mundo quiere comprar, usar y tirar”, lamenta O. Suay.
Encontraron en Madrid un posible taller, pero luego se echaron para atrás y,por fin, encontraron un taller en Esplugues en el que poder materializar sus colecciones.
La puesta en marcha de un proyecto como el de Royal Society of Diletanti supone un doble beneficio, ya que, además de generar puestos de trabajo directos, contribuye a recuperar una actividad casi extinguida en nuestro país, como es la de la confección textil y, por ende, dar mayor estabilidad a puestos de trabajo que veían peligrar su continuidad, si es que no habían desaparecido ya. “Antes, aquí en Valencia había muchos talleres pequeños que trabajaban “a mans”, que cogían un trabajo y se hacía entre varios talleres o se repartía, según la envergadura del mismo, a varias modistas que trabajaban por su cuenta. Esto ahora ya no existe”, cuenta Gloria.
“Portugal, que también sufrió un proceso similar, ha sabido actualizarse y ahora puedes encontrar talleres pequeños que cubren el proceso de principio a fin. Son empresas pequeñas pero que funcionan muy bien y cada vez se están creando más para dar respuesta a muchas marcas nuevas que son pequeñas como la nuestra y que están tratando de abrirse camino”, explica Suay.

EL MODELO DE NEGOCIO

 

Hablar de moda, inevitablemente, es hablar de creación pero también de modelo de negocio. El de Royal Society of Dilettanti funciona a través su tienda on-line en www.snobiliaire.com con el apoyo de su página de Facebook "Snobiliaire", donde se pueden encontrar descuentos para las primeras compras (ver Facebook).
“El problema para este tipo de marcas como la nuestra es que la gente no está tan acostumbrada a comprar on line como en el resto de Europa. Aquí la gente prefiere tener un sitio físico para verlo. Hasta ahora no hemos podido, pero a partir de esta colección primavera verano 2016 vamos a disponer de un escaparate para mostrar la colección”, explica O. Suay, quien tampoco descarta otros conceptos como las tiendas ‘pop up’ o temporales. Lo que sí tienen claro es que quieren huir de colocar su ropa en tienda multimarca porque consideran que este tipo de concepto cada vez tiene menos salida.
“Para esta colección hemos decidido lanzar como microcápsulas”, explica el diseñador, “ir sacando novedades cada dos meses, que es como funciona el mercado”.
Otra de las ventajas de su modelo de negocio es ofrecer lo que ellos llaman un “prêt-à-couture”, que sería encargar una pieza sobre un patrón ya creado para la colección pero haciendo algunas modificaciones a gusto del cliente: elegir otra tela del muestrario o ajustando el patrón a las medidas concretas de la figura del cliente, etc.”. Con la confianza de que en una semana el taller va a tener lista la prenda solicitada.
Las ventas ya han comenzado a llegar, aunque poco a poco porque en buena parte lo que funciona es el boca oído. “Esto nos está ayudando a adaptar el sistema de funcionamiento de la marca”, apunta Suay, ajustando las tiradas, funcionando por pedidos, etc. “La primera colección es la más cara, partes de cero y tienes que crear los primeros patrones base de todas las piezas, tienes que diseñar etiquetas, crear la web, todo se paga al contado… Ahora,con la segunda ya vamos respirando”.
Sus clientes son personas entre 30 y 50 años. Como ellos los definen son “compradores con conciencia” que buscan algo especial, que huyen de la uniformidad y de la ropa de usar y tirar, un concepto que cada vez está más arraigado entre la gente joven, a pesar de la huella ecológica que eso supone. Ellos apuestan por un consumo responsable porque, argumentan, producir muchas cosas baratas es más contaminante para el planeta que producir una a un precio algo más caro porque utiliza mejores materiales que van a durar más. Además de que, así, se puede volver a recuperar empleos en sectores tradicionales como el de la confección.
Ellos defienden que entre Chanel y Bershka hay muchos escalones y que su marca propone vestir con personalidad e identidad propia a precios razonables en un mundo que cada vez se está volviendo más gris y uniformado.

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Autoría:  Ana Real
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